El Monstruo Invisible

8 Jun 2021 | Relatos

De pronto evocas las risas, añoras el bálsamo del bienestar, de cuando todo iba bien, cuando tu vida era inalterable. A tu alrededor, nadie tocado, ni mucho menos hundido. Tu odisea diaria se centraba en una plana rutina, en sacar tiempo para hacer ejercicio, para dormir la siesta, para querer y dejarte querer; leer, escribir, rodearte de los que, con sus carcajadas y destreza, te hacían feliz.

Llega ese día en que echas de menos el amarre a esa paz cotidiana que no se valora del todo hasta que se pierde, que solo reclamas cuando te falta. Es ahora cuando la ansías y evocas los días extensos, felizmente repletos de nada.

Porque sin más, todo se rompe. Tu propio planeta decelera su trayectoria y decide girar al lado contrario. Y nadas contracorriente, observando cómo la inercia te va sacudiendo a su antojo. Recibes los golpes de los elementos externos que ya viste de lejos cuando magullaban a otros. No entiendes por qué. Qué clase de cataclismo ha generado que ese mundo perfecto se vea alterado de aquella manera. Después, te asomas al vértice de la hecatombe, a ese caos inverso que no sueles visitar y entonces, lo ves.

Lo has evitado mil veces, contemplando, impotente, cómo devoraba a otros. Lo has evadido al pensar que quizá, de ese modo, no reparase en vosotros. No te arriesgabas a mirarlo de frente para así no atraerlo hacia ti.

Es un monstruo invisible, que ahora ya ves y trae un apetito voraz, y se ha fijado en los tuyos. Y te vistes de guerra y luchas a ciegas, sin armas, lanzando envites al aire, en vano. Pretendes restarle importancia y hacerle sentir más pequeño, como hacías antaño con aquella estrategia de no darle cuentas.

Te ve temerosa y merodea cerca, dispuesto a atacarte en cualquier momento. Repites que no va a ser nada, que no es más que un ogro que quiere llamar la atención, reivindicar su existencia. Así que le plantas cara y aumentas tu esfuerzo. Porque tú eres fuerte, eres tenaz, porque así comienza tu lucha, convenciéndote a ti misma de que está vivo, mas no es invencible, que te reirás, te burlarás de él para hacerlo más débil. Entonces lo ves, agazapado en un rincón, sin dejarte saber si va a volver a embestir o simplemente descansa.

Como una exorcista le ordenas que se vaya, que todavía no es hora, convocando a tus ancestros para que medien y se lo lleven.

Solo te queda esperar, seguir en guardia durante un tiempo, vestida de guerrillera, de amazona, de espartana, de vigía perenne que no afloja la armadura. Hasta que veas que el monstruo se ha ido por siempre o quiera hacerte creer que se ha olvidado de vosotros al menos durante un tiempo.

Nota: a todos aquellos que luchan contra el cáncer. Los tocados, los salpicados y cómo no, los hundidos.