Me dejó

Oct 16, 2020 | Relatos

Me dejó. Y lo hizo con tanta elegancia y sutileza que, a día de hoy, aún puedo esbozar una sonrisa al recordarlo, olvidando el resentimiento.

Me dejó después de besarnos, al terminar las caricias y, al ritmo del último suspiro, arqueé mi cuerpo hacia atrás cuando le escuché gemir. Después dijo encontrarse mal y quiso dormir en su casa; prefería estar solo en su cama para no darme mala noche, decía.

Me dejó enviándome una carta cuarenta y ocho horas de silencio más tarde. Dejaba plasmado que ya no estaba enamorado, que no dejaba de darle vueltas y no tenía que haberse dejado llevar, sin encontrar ahora valor para mirarme a la cara.

Pensé entonces por qué me dejó. Me dejó tan bien dejada que tuve que dejar de repasar la frase que solté al dejarme sola. Recordé si realmente lo que le dije había sido tan grave. Quizás fuera el tono, o esa voz insumisa que aniquila cualquier orden machista. Era yo la que no dejaba que ese halo de misoginia me dejara bajo su mandato.

Me dejó, y dejé que me dejara sentada, mientras mi orina dejaba relajada mi vejiga. Entró al cuarto de baño a dejarme, y se agachó para dejar un beso en mi frente. Y, dejándome claro que no dejaba que nadie le hablara así, salió dejando detrás un silencio que fue interrumpido tan solo por el eco de sus pasos, evidenciando así que me estaba dejando.

Me dejó, ahí, pasmada, indefensa y sentada en el inodoro. Dejándome con la duda de si en un par de semanas habría sido yo quien finalmente le dejara.